Rapsodia al Grial
Rapsodia al Grial
Oh! Viajante,
Vigila tus pasos a donde te llevarán,
cruzaste el mar a tierras lejanas,
buscando encontrar entre las arenas,
lo que miles de peregrinos soñaron ver,
lo que reyes asesinaron por tener.
Santos dijeron, que la inmortalidad era,
clérigos alegaron, la libertad de pecados en esta tierra.
Fue entonces que de un poema,
tres caballeros partieron en su búsqueda,
de ellos, destacaba un valeroso guerrero,
que tiempo atrás su valor demostró,
quitando una espada incrustada en el mármol,
repitiendo la hazaña de su prodigioso rey.
El ejemplar Sir; de las hazañas que narramos.
De puro corazón, y por su cualidad él lo halló.
De esa copa bebió, el mana que en rey lo convirtió,
y tras un misterio revelado, muerto fue hallado.
Y tú viajero, que has venido desde lejos,
siglos después, inconsciente de esa leyenda,
bañaste las arenas con la sangre de tus enemigos,
por una pasión devota y un fanatismo sin razón.
No has descubierto aún el secreto del grial,
todo en vano, el misterio del cáliz aún duerme.
Oh! Viajante,
Vigila tus pasos a donde te llevarán,
cruzaste el mar a tierras lejanas,
buscando encontrar entre las arenas,
lo que miles de peregrinos soñaron ver,
lo que reyes asesinaron por tener.
Santos dijeron, que la inmortalidad era,
clérigos alegaron, la libertad de pecados en esta tierra.
Fue entonces que de un poema,
tres caballeros partieron en su búsqueda,
de ellos, destacaba un valeroso guerrero,
que tiempo atrás su valor demostró,
quitando una espada incrustada en el mármol,
repitiendo la hazaña de su prodigioso rey.
El ejemplar Sir; de las hazañas que narramos.
De puro corazón, y por su cualidad él lo halló.
De esa copa bebió, el mana que en rey lo convirtió,
y tras un misterio revelado, muerto fue hallado.
Y tú viajero, que has venido desde lejos,
siglos después, inconsciente de esa leyenda,
bañaste las arenas con la sangre de tus enemigos,
por una pasión devota y un fanatismo sin razón.
No has descubierto aún el secreto del grial,
todo en vano, el misterio del cáliz aún duerme.
Ignacio Aldebarán
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